sábado, 13 de marzo de 2010

8

¿Cuántas historias hay? De vernos sin encontrarnos en la mirada. La cabeza en dirección contraria a los ojos que siguen al otro, pidiendo con verguenza, a gritos ¡MIRAME!
Sucede con frecuencia.
A veces sonreímos y a veces no.
Pero es lo último que nos queda cuando ya perdimos hasta la resistencia. Crédito ilimitado de momentos que pudieron haber sido, de alzar la vista y preguntarte a vos mism@, ¿Qué hago acá? Y tenemos la respuesta. Es un pulso que tratamos de mantener para seguir de pie, más vivos, menos muertos, al menos dignos.
Estoy seguro, ahora, de que lo peor del viaje es, siempre, irse.
Aunque no haya quien nos despida.
No queremos perdernos nada, ni el cielo, el sol, ni siquiera el quizás.
Estamos acá porque quisimos y nos vamos porque hay que seguir adelante, aunque eso implique volver sobre nuestros pasos para dejar todo atrás y seguir añorando.
Tenés que tirarte a la pileta y golpearte para sentirte real.
¿Cómo es eso de sentirse frágil e invencible? A veces no sabés qué ganaste, pero no sentís haber perdido nada y entonces queda suponer que empatarle a la vida (alguna vez) es un buen resultado.
Pero tenés que salir a ganar.

7

Tiró el cigarro recién empezado a la calle, subió el cuello del sobretodo y echó a andar. Si apuraba el paso quizás no se mojara tanto, pero daba la impresión que más empeño ponía y más llovía. Se resignó a llegar empapado y aceptar las bromas de ocasión.
Le rondaba en la cabeza la pregunta: "¿qué carajo estoy haciendo acá?". Recordó ese dicho que dice que una vez en el baile hay que bailar y supuso que una vez bajo la lluvia hay que nadar. Se rió solo cuando pensó que no tenía traje de baño.
Una mujer pasó a su lado y, divertida, le sonrió. Los dos nadaban sin traje de baño.
Puto cambio climático.
Si Buenos Aires se parecía cada vez más a Londres, ¿dónde escaparía?. Se había dado cuenta que estaba a gusto en la ciudad, los salvajes locales ya no respondían dubitativamente cuando pedía precio por algo en las grandes avenidas, entendía el idioma y conocía los dóndes, qués y quiénes que le importaban. La misma sensación que sintió en muchos otros lugares y que le urgía seguir caminando y escaparle a la comodidad, al tedio cotidiano.
A él le resultaba aburrido todo. Todo menos el viaje. Entonces viajó y empezó a hacerlo de muy joven, ni bien pudo sacarse de encima las alas protectoras de su familia bien.
Recaló en Buenos Aires después de muchos años y se quedó por la misma razón que se quedaba en los lugares: una mujer.
¿Qué carajos estaba haciendo ahí? El sabía muy bien la respuesta, pero seguía preguntandose eso. Era difícil no hacerlo cuando la humedad de su ropa interior se escurria entre los pasos de sus piernas y sus pies helaban más que su cara. En la calle no había nadie más compartiendo su miseria. Se sintió muy solo.
Era hora de seguir viaje pero había hecho promesas y debía cumplir al menos una más.
Luego hablaría con ella.

6

Cavó más rápido, sacando tierra e hiriendose las manos en el esfuerzo hasta golpear con la pala la superficie de madera que buscaba. Levantó la mirada hacia el horizonte que se acercaba a pasos, apuntando con pistolas y vistiendo sombreros. Abrió el ataud, sacó el arma y disparó un trueno ensordecedor. Los hombres que morían no gritaron más fuerte que las balas y todo terminó demasiado pronto.
Una mueca en los labios.
Venganza.
Subió al caballo y no miró atrás.

viernes, 12 de marzo de 2010

5

Dónde estás antimateria que no te puedo encontrar? Hoy estoy contento. ¿Estás contenta por mi? Avisame, mandá sms... O humedecé el espejo con tu aliento y escribí una nota efímera para una finita posteridad.
Quizás sea afortunado y no lo lea.
Aunque muera por verte.
Callado.

jueves, 11 de marzo de 2010

4

Venis a hablarme con olor a alcohol, cigarros de penada tenencia y susurros secretos para mí. Te vas porque tenés que irte. Porque creciste y estás y estoy en otra.
No es igual que ayer, pero nos miramos cómplices, porque tenemos historia. Cuando el ayer se amontona y junta muchos calendarios le decimos pasado. ¿Cómo hacemos para que eso mute en una mano sobre tu cintura? Pasa.
Me gusta verme en tus ojos. Tus pestañas, mi mejor marco. Dejo de escuchar lo que decís porque pienso en mi mano. En tu cintura. En el roce que fue. Que podría ser. Que ya no puede ser porque fue.
Ya fue.

3

Este no es el primer blog que inicio. Tampoco el segundo. No creo que sea el tercero y tengo muchas dudas que rankee cuarto. Posiblemente sea un número entre el octavo y décimo algo.

No sé si voy a ser constante, pero no lo voy a cerrar aunque pase mucho tiempo sin postear. Quiero que sea acá donde escriba cuando tenga ganas. O rescate cosas que escribí en otro lado hace tiempo.

Sin dar tumbos.

Una taza de chocolate por vez.

miércoles, 10 de marzo de 2010

2

A las cuatro de la mañana hay olor a facturas.
Facturas calientes recién hechas.
Es un rico aroma y supongo,
de acá a unos años me recordará estas noches.
Largas indeseadas noches.
Con olor a facturas.

martes, 9 de marzo de 2010

1

Camina la calle de los domingos, que siempre es la misma. La misma no gente, los mismos no autos, la misma nada que encontrás cada séptimo día. Será así para que, obligados, pidamos que todo vuelva a empezar. Entonces, ¿Qué nos alegra de los viernes? Somos cínicamente cíclicos. Incansables.
No le escapamos a nuestro Ra...gnarok personal, un poco de inconsciencia, un poco disfrutar.