jueves, 20 de mayo de 2010

lunes, 17 de mayo de 2010

23

A veces siento que mi mente no es mia.
A veces pienso que mi corazón no es mio.
¿Será que algún día (por fin)
vas a arreglarme?.
Necesito reparaciones

y tendrás que reparar en mi,
porque necesito tus reparaciones en mi.
No sé qué está mal
pero sé que no estoy bien.
Y sé que estas mal
pero para mi estás bien.

Necesitás reparaciones y ya reparé en vos.

viernes, 14 de mayo de 2010

22

Abrir los ojos es una lucha. Pensar es intentar nadar en el fango, en rios de aguas turbias donde cada brazada cuenta y cuesta. No te podés sostener la cabeza que se cae de sueño. De horas. Caminos. Soles. Personas. Bondis llenos que paran en todas.

jueves, 6 de mayo de 2010

21

Creo en que ser romántico implica creer que hay vida en Marte.

martes, 4 de mayo de 2010

20

El sol imponía respeto entre las nubes y ella era feliz, no porque tuviera todo lo que necesitase (aunque fuera así), sino porque sencillamente era feliz, sin explicación alguna para su condición. Simplemente feliz.

Naturalmente no pensaba en las causas de su felicidad, al fin y al cabo se dirigía a la plaza donde comía todos los días. Mantenía los ojos bien abiertos, atenta a los movimientos de la gente, como era su costumbre.

El agua de la fuente, situada en el centro de la plaza, prometía frescura. El lugar era hermoso. El pasto verde y virgen, no estaba pisoteado ni albergaba basura. Para ella, que había recorrido tantas plazas eso era una singularidad de la cual disfrutaba sin miedo a empacharse.

Estaba algo impaciente, él todavía no había llegado. Eso fue suficiente para alterar los colores de su sentida felicidad. El retraso se estiró lo suficiente hasta pasar por toda la gama de colores emocionales posibles. Las nubes se disiparon y el astro dorado habíase marchado a otras latitudes...

(Ella esperaba).

...La luna se recostaba sobre finos hilos de estrellas, tiempo y espacio, era (como nosotros) una marioneta más de nuestra realidad atada con alambre.



Ella esperaba.

No soportó (su doblegado orgullo así lo dictaba) el desplante y se juró a sí misma no volver Nunca Jamás a aquel lugar donde otrora había esperado otras tantas veces a esa persona, donde había sido tan humillada.

Pero antes de irse, cansada, con el estomago vacio porque no logró comer, decidió refrescarse en aquella fuente de agua, de aquella plaza que había aprendido a querer.

“Mejor un baño”.

Se metió al agua, mojó todo su cuerpo y la frescura era suya. Fue un espectáculo admirable el momento preciso que su cuerpo sacudía gotas de agua, mientras la luna iluminaba su sonrisa.

Porque, no sé cuantos de ustedes lo saben, las palomas también sonríen.

19

A través de una percepción muy traicionera veía la lluvia. A veces dilataba su conciencia pensando en lo frágil de su existencia. todo mantenia cierta coherencia y consistencia gracias a oportunas apariciones de otros. Sucedía a menudo: el simple retraso de alguien a quien esperaba lo llevaba con facilidad a un estado de confusión y miedo.

Se desesperaba porque de inmediato comenzaba la inquisición personal. El lugar, la hora, la persona, ¡el mismo! ¿era él con quien debian de reunirse? quizas... quizas no. Y no recordaba ni queria recordar esos detalles tan angustiantes que se empeñaban en aquejarlo durante esos minutos largos.

Pero, ¡momento! que ahí llegaba la prueba viviente de que lo que vivía era, indefectiblemente (irremediablemtente) algo no ficticio; y no sólo un sueño o su delirio como se animaba a suponer escasos segundos antes de encontrar esa sonrisa en los demás, en varias oportunidades, en varios deja vú.

Entonces, el cielo estaba nublado y la madrugada estaba bastante avanzada. Nubes espesas, oscuras, grises, sin forma abarcando la luna, el horizonte y más allá, Así fue esa noche.

Y llovío.

Llovía. Agua que no alcanzaba para limpiar la decadencia de Buenos Aires, Argentina, o la verguenza de su gente. No podía tapar el olor a mierda y corrupción de estos días.

La miseria humana es inmune a la humedad.

La musica que flotaba en el aire cargaba electricidad y melodía, lo transportó a otro lugar. Luego, él no supo decir si era mejor o peor. Allí, los sentidos eran un mero recuerdo de esta ¿realidad?. Se sintió bien, ligeron sin el peso de tener que escuchar; ver; oir; oler; saborear; tocar... ahora las cosas no tenían ninguna limitación.

Se asombró cuando sus emociones se dispersaron y corrieron por donde quisieran porque no estaban atadas al firmamento, siquiera un cielo demasiado alto para alcanzar. Era un todo unificado.

El tic tic del agua estallando contra el vidrio de la ventana de su habitación lo encontró con la cabeza en la almohada.

-Pero ¡mierda! ¿era un sueño?- Ya era de día pero aun seguía lloviendo.

La lluvia estaba allí para comprobar que sí, que lo anterior era un sueño. Y sin embargo, la voz de la lluvia se escuchaba débil desde adentro, no lo convencía para nada de que todo ese "otro lugar" era totalmente imaginario. "Deja Vú", necesitaba algo que pudiese digerirlo entero a este mundo.

Timbre, Camina, llave, abre, "hola".

-Hola, ¿que tal?, ¡como llueve!, disculpáme que llegué tarde...

18

Era fría, pero aún conservaba algo de la calidez de épocas pasadas, cuando era mas inocente, menos herida. Única entre todas, le causaba admiración. Fue amor a primera vista sólo para él, claro, porque ella ni siquiera se enteró de su existencia. Y no hubiese podido porque era algo que estaba muy por debajo de ella. Dejando de lado las posibles circunstancias que podrían ser las causales de tan ¿singular? episodio, basta con saber que esa relación nunca triunfaría.

¡Ah! pero nuestro Romeo no iba a fracasar tan rotundamente.

Y es que bastaba con extender su mano al cielo para tocarla. Sensación (es) sublimes, piel en frío, corazón ahogado, grito de a pedazos, felicidad hecha expresión en su rostro.

Y por supuesto, un loco para los demás ocasionales mirones de turno. Todo eso fue.

Tenía seis horas para conquistarla, para hacerla suya. Era medianoche y sabía que jamás la volvería a ver, cuando llegase el amanecer ella tendría que partir y no había nada en el mundo que pudiera retenerla.

Pero, ¿Cómo hacerle entender su amor a la Luna, a esa noche de la que se enamoró?

El hombre enamorado de la noche esa no tenía respuestas a tal interrogante. Y su más cercana compañía (una botella de vino, una de muchas aquella noche) no podría hacer demasiado para ayudarlo. -A ver- dijo finalmente, mientras se sacudía la borrachera, - Te amo - alcanzó a decir. Cuando lo dijo se sintió muy ridículo, porque no pudo descifrar la cara que puso Su Noche (era suya, al menos el la reclamó para sí mismo) y así se quedó tirado en la vereda, esperando alguna señal.

La calle estaba vacía, no mucha gente pasaba por allí. Mucho menos de noche. Era una paralela a una de esas grandes avenidas por las que todos caminan y se sienten mas seguros. La luz, mas comercios, mas autos... esas boludeces por las que uno elige ese camino. De manera que el joven podía pasearse (él y su borrachera) sin mayores incidentes.

Estaba donde quería. Sin darse cuenta, de tanto mirar las estrellas y apreciar a la Luna mientras nubes oscuras le daban esa impresión de que, efectivamente, ¡el mundo estaba girando! (o eso era lo que quería creer) empezó a quererla mas que a otras.

Fue eso, y también el pedo de diez que tenía (no, no hay por qué ocultarlo) lo que lo dejaron en un estado de libertinaje absoluto. Cuando nada te importa, debería ser común que te puedas enamorar de una noche como esa.

Obviamente, pasaron las horas (las botellas también, porque así como no renunciaba a perderla, no renunció a seguir tomando) y se ensombreció cuando con el pasar de las horas, Su Noche se iba desdibujando y no era ya, la hermosa luna, las estrellas brillantes, las nubes que giraban, el mundo que giraba...

Todo se iba a la mierda y ella nunca lo escuchó. No pudo hacerse entender.

Devolvió como pudo, arrastrando los pies, el último envase (la última botella) y se fue a dormir. Cuando llegó a su casa, Su Noche, ya no existía.