Qué patada que me has dado!
Me has quitado todo el aire.
Se escaparon las flores y cintas rojas que recogimos,
en tardes de borras y listas,
en noches de encontrarnos colores y aspirar.
La noche humeda
hace que el frio duela mas,
y tus ojos tan serenos
son la tilde en tus vocales,
de palabras duras,
dichas masticando,
otra cosa que no es la cena que quisimos compartir.
Ahora me das el turno de hablar.
Los labios se me arquean.
Las flores, rotas;
las cintas, un montón de rosetones acostados.
No te confundas, no es una sonrisa.
